Gomito, siempre Gomito…

El de este sábado fue uno de esos partidos que te catapultan a cosas importantes. A salir campeón, a ascender, a consagrarte como candidato para pelear hasta el final…

Chicago quedó rápidamente en desventaja en el marcador y para colmo de males se quedó con diez en el duelo ante Villa Dalmine en condición de visitante: el árbitro expulsó prematuramente a Marcelo Cardozo por un supuesto planchazo, y la cosa se puso cuesta arriba. Más de lo que se esperaba por tratarse de una visita de alto riesgo a los de Facundo Arguello.

Para colmo de males, promediando el segundo tiempo se equivocó feo Alejandro Sanchez en la salida y Nicolas Ayr en el afán de ayudarlo, lo complicó aún mas convirtiendo el segundo gol rival.

Pero, cuando parecía imposible remontar un 0-2 lejos de Mataderos y con un jugador menos, Sergio Rondina recordó que en el banco de suplentes estaba un tal Christian Gomez y lo metió para disputar los últimos minutos…

Alcanzó y sobró para que el mito viviente haga de las suyas, para que deleite al futbol argentino y a Mataderos en especial. Golazo para descontar, centro letal para que Facundo Pumpido tenga que empujarla y empatar, y el broche de oro fue otro golazo del 10 (que ayer portó la 17) para que el Verde se lleve los tres puntos de Campana. Gomito, siempre Gomito…

No existen las palabras. Sobran los adjetivos. TRIUNFAZO de Chicago, para meterse en la pelea, para no dejar de creer que se puede soñar.

En fin: Ganó Chicago, sobre todo, porque el técnico frotó la lámpara, pidió los tres deseos y el genio no Falló.

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Author: Nicolas Pelletan

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